¿POR QUÉ CONGREGARNOS?


¿POR QUÉ CONGREGARNOS?


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No dejemos de congregarnos, como es la costumbre de algunos, sino animémonos unos a otros.
Hebreos 10:25 RVC


A lo largo de caminar con Cristo es normal pasar por periodos de desánimo y vernos tentados a dejar de congregarnos, incluso, algunos lo han hecho ya sea por breves o largos periodos de tiempo, pues es muy fácil encontrar razones para dejar la iglesia. Lo anterior no es un fenómeno reciente, de acuerdo a este pasaje desde la época de los apóstoles muchos ya acostumbraban dejar de congregarse.

Si se toma este pasaje de forma aislada sin contemplar otras razones que la Biblia enseña para animar a congregarnos, solo se forma una religión más que contempla como requisito indispensable las reuniones semanales pero que no causa ningún efecto en el adepto. Es por eso que en este texto presentaremos otras razones bíblicas para congregarnos más allá del mandamiento y el deber. 

Existe una corriente de pensamiento que considera hipócrita a todo el que practica la fe a pesar de sus errores y defectos. Este tipo de ideas suelen desanimar a algunos, en especial después de evidenciar un error en particular y más si éste fue grave. Esta forma de pensar tampoco es nueva, pues Jesús fue criticado por juntarse con los cobradores de impuestos y pecadores, como si solo debiera enseñar a gente buena, él paró esta critica respondiendo, que así como los sanos no necesitan de un médico mientras que los enfermos sí, así él, no vino a los justos sino a los pecadores.1 Tomando en cuenta que Dios no considera justo a ningún hombre2 en sus propias fuerzas, entonces todos necesitamos de Jesús así como todos los enfermos necesitan de un médico.

Así que no es hipócrita el creyente que se congrega junto con sus defectos, pues si se ve desde otro punto de vista, podríamos considerarlo humilde por reconocer su necesidad de ser sanado, pues eso sí, no cualquiera es capaz de aceptar su necesidad. Por eso Dios escogió lo vil, lo menospreciado, lo necio y lo débil, para deshacer lo que es.3 Esta hermosa afirmación nos enseña que Dios nos acepta con todos nuestros defectos y deficiencias pero para mejorarnos, siguiendo con la metáfora de Jesús, así como los enfermos necesitan al médico para sanar, los pecadores necesitan a Jesús para ser justos.

La buena noticia es que ya fuimos justificados por la sangre de Jesús.4 Sin embargo, si nos quedamos con esto solo somos salvos y justos delante de Dios sin un cambio evidente en el mundo terrenal. Para que la obra se vea terminada es necesario madurar. La Biblia compara al nuevo creyente con un niño que ha recibido una gran herencia pero que gracias a su condición infantil no puede disfrutarla y por lo tanto, en nada difiere del esclavo5 –quien no hereda nada– significa el creyente continuará comportándose como incrédulo mientras no madure.

Aquí tenemos otra razón poderosa para congregarse, pues para madurar no es suficiente con ser salvo, también es necesario cambiar la forma de pensar, pues lo que somos y actuamos está relacionado con lo que hay en nuestro pensamiento,6 por eso aquel que busca cambiar su actuar deberá cambiar su forma de pensar. El mensaje de reino que compartió Jesús fue: “cambien su manera de pensar para que cambien su manera de vivir”7 pues solo así podremos comprobar la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.8 Así nos explicamos por qué Jesús empleó gran parte de su ministerio a enseñar.

Aun con lo anterior, muchos piensan que leyendo la Biblia únicamente en lo individual podrán madurar y cambiar su forma de pensar, pero no es así. Aunque sí es necesario que el creyente dedique el mayor tiempo posible a la meditación de la palabra,9 si analizamos las escrituras a detalle encontramos que Jesús estableció los ministerios de apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros para perfeccionar a los santos, para que todos unidos lleguemos a la estatura del varón perfecto que es Cristo, para que dejemos la inmadurez y no seamos engañados por cualquier doctrina.10 Llegar a la perfección constituye todo un proceso en el que los ministerios son las herramientas empleadas por Jesús para lograrlo. Así que si queremos ser perfeccionados necesitamos de apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros.

Finalmente, debo agregar que congregarnos fortalece nuestra fe. No se trata tanto de seguir a ciegas a un líder en cuanto a conducta sino de imitar su fe.11 Por eso el pasaje con el que abrimos nos dice que el congregarnos nos anima, pues es maravilloso escuchar los testimonios de fe de nuestros hermanos, la fe se fortalece cuando somos testigos de la Palabra de Dios obrando en otros. Pues la fe viene por el oír la Palabra de Dios,12 tanto enseñada por un maestro como obrando a través de la gente. Así que tengamos la humildad de reconocer nuestra necesidad aprender para cambiar nuestra forma de pensar, para que podamos madurar y ser perfeccionados en él.


Mary Carmen Olague


1 Marcos 2:16-17
2 Romanos 3:10
3 1 Corintios 1:27-28
4 Romanos 5:9
5 Gálatas 4:1
6 Proverbios 23:7
7 Mateo 4:17 PDT
8 Romanos 12:2
9 Josué 1:8
10 Efesios 4:11-15
11 Hebreos 13:7
12 Romanos 10:17

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