CAMINO A LA INTERCESIÓN


CAMINO A LA INTERCESIÓN


 
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Debo reconocer que mi camino a la intercesión no ha sido muy extenso y sé que aun me falta mucho por recorrer, pero ha sido precisamente por estos días que ha tomado una nueva forma debido a experiencias cotidianas que han servido como medio para ser enseñada por Dios. En la ocasión anterior escribí un poco sobre la oración y sobre cómo estoy convencida de su poder cuando se hace usando la Palabra de Dios como base.

Sin embargo en estos días, Dios quiso llevarme un paso más lejos y me hizo reflexionar sobre lo egoísta que he sido recientemente al orar. Estoy convencida de que Dios ya nos bendijo con toda bendición espiritual[1] y que todo lo que pertenece a la vida y a la piedad ya nos fue dado,[2] entonces, Dios me hacia reflexionar que, si de verdad creo eso ¿por qué dedico más tiempo a orar por mis necesidades e inquietudes que a orar por otros?

Lo anterior logró mover algo dentro de mí, pero siendo honesta, no lo suficiente como para lograr un cambio con respecto a mis hábitos de oración. Pero como siempre que Dios quiere tratar algo conmigo, usa diferentes medios y formas hasta que logre entender el punto. A los pocos días, en uno de los servicios en la iglesia donde me congrego el pastor dio el testimonio de alguien que había pedido oración para que se le resolviera el tema de un pago, tanto para ella, como a otros que pasaban por la misma situación y testificaron cómo Dios lo resolvió.

Curiosamente me encontraba en una situación similar a la que el pastor estaba comentando. Así que decidí pensar menos y actuar más y pedí oración no solo por mi causa, sino por la de mis compañeros que pasaban por la misma situación. El pastor oró, después yo oré tanto por mi causa como por la de mis compañeros y en menos de 48 horas la situación estaba resuelta, tanto para mí como para los demás involucrados. Así que nuevamente el Señor trató conmigo para que mi camino a la intercesión se ampliara, para hacerme entender que es necesario pensar menos en mis necesidades y más en la de otros.

Jesús nos enseñó que debemos de amar al prójimo como a nosotros mismos,[3] lo que implica entre muchos aspectos, el dedicar tiempo a orar por los demás, de la misma forma en que nos gustaría que alguien orara por nosotros. Significa soltar nuestro corazón en beneficio de las necesidades e inquietudes de algunos, que incluso no conocemos, pero que tienen necesidad de nuestra oración.

En estos días que la caravana migrante cruza nuestro país sentí fuertemente orar por ellos. Claro, esto no quita el que dediquemos tiempo, esfuerzo y dinero a llevar ayuda tangible como comida, ropa o medicina, solo por mencionar unos ejemplos, pero si estamos realmente convencidos del poder de la oración, también dedicaremos tiempo a orar por aquellos necesitados de este bien tan preciado que tenemos: la Palabra de Dios.




[1]  Efesios 1:3
[2]  2 Pedro 1:3
[3]  Mateo 22:39

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