¿CÓMO MEDIR MI FE? (Las acciones 3/3)

¿CÓMO MEDIR MI FE?

(Las acciones 3/3)


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Para cerrar esta serie de textos que han tenido como objetivo darnos herramientas para saber cómo andamos de fe, después de haber hablado de los pensamientos y de las palabras, pasaremos a hablar de las acciones, que también son llamadas obras en el lenguaje cristiano. Éstas, nos sirven para saber si estamos firmes en la fe o si nos falta fortalecernos.

          “La fe sin obras está muerta”[1]

Con esta afirmación Santiago buscaba enseñar que la fe irremediablemente terminará por verse manifestada en nuestras acciones. Es importante no confundir este punto con la salvación como tal, pues ésta es “por gracia, no por obras para que nadie se glorié”[2]; significa que las obras de la fe no son para obtener la salvación sino que son un fruto, las acciones son evidencia de aquello en que creemos. Por eso mismo el apóstol Pablo, después de enseñarles a los efesios que la salvación es por gracia les dijo que:

          "somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para   buenas obras, las cuales Dios preparó              de antemano para que anduviésemos en ellas.”[3]

Obramos porque hemos creído. Nuestras acciones manifiestan aquello en lo que creemos, cada acción de nuestro día a día, por más insignificante que sea, demuestra nuestras más profundas convicciones y pone en evidencia en dónde tenemos puesta nuestra esperanza.

La verdadera fe te lleva a actuar, por eso Santiago explicó la diferencia entre creer y tener fe: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.”[4] Hay muchos que creen en Dios, pero eso no significa que tengan fe, si la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve,[5] significa que el quien tiene fe tiene la completa seguridad de que Dios obra y cumple su palabra.

No se trata solo de tener la convicción de la existencia de Dios y de la veracidad de su palabra, se trata de estar completamente seguro en que él obrará y cumplirá su palabra en nosotros, así como lo dijo el salmista: “Jehová cumplirá su propósito en mí.”[6] Y esta convicción es la que nos lleva a actuar, dándole sentido y dirección a nuestras obras en el diario vivir. Para ejemplificar lo anterior basta con leer el onceavo capítulo del libro de Hebreos que precisamente habla de la fe, si se lee con atención los ejemplos que da sobre los grandes hombres de la fe encontraremos una constante, todos actuaron conforme a su fe:

          Por la fe Abel ofreció
          Por la fe Noé preparó el arca…
          Por la fe Abraham obedeció...
          Por la fe cayeron los muros de Jericó.

Sin fe, Noé nunca hubiera construido el arca. Sin fe, hubiera sido imposible que Moisés dirigiera al pueblo de Israel en su salida de Egipto. Sin la fe, Josué nunca hubiera conquistado la tierra prometida. Todos los hombres de fe que admiramos y que son ejemplo en la Biblia tienen en común que su fe los movió a actuar.

Entonces, si queremos medir nuestra fe, si queremos saber si verdaderamente estamos seguros y convencidos del poder de la Palabra de Dios, no solo tenemos que poner atención a lo que pensamos y a lo que decimos, también necesitamos analizar cómo estamos actuando, cómo obramos en el día a día, porque ahí es donde se evidencia la fe- Por eso Santiago dijo:

           “Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.”[7]










[1] Efesios 2:26

[2] Efesios 2:8

[3] Efesios 2:10

[4] Santiago 2:19

[5] Hebreos 11:1

[6] Salmo 138:8

[7] Santiago 2:18



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