CONTENTAMIENTO (La idea bíblica de felicidad)

 

CONTENTAMIENTO

(La idea bíblica de felicidad)

 


Cualquier persona desea tener felicidad en su vida. Muchos la buscan o procuran, la mayoría de las veces sin poderla encontrar a largo plazo o encontrándola en placeres pasajeros que desaparecen en un par de horas. Por ello no debemos buscar la felicidad en lo que enseña la sociedad sino en lo que Dios dice.

 

¿Qué es la felicidad? Como tal, esa palabra no la encontramos en la Biblia porque se trata de un concepto relativamente moderno. Entonces, ¿cómo podemos aprender de felicidad en un libro que aparentemente no la menciona? Estoy segura que hay varias opciones y muchas de ellas sumamente válidas, aunque por el momento quiero compartir una que me fue revelada recientemente:

 

No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener en abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Filipenses 4:11-13

 

Aquí, la palabra clave es “contentarme”. De acuerdo con el diccionario, contentamiento es sinónimo de alegría o satisfacción[1] lo que se acerca mucho a la idea moderna que tenemos de felicidad. En ese sentido, en este pasaje Dios nos enseña a través del apóstol Pablo, que debemos estar alegres y satisfechos cualquiera que sea nuestra situación, sea que se tenga poco o mucho.

 

Muchas veces las personas no logran ese estado porque siempre están pensando en lo que no tienen. Viven en un estado de perpetuo deseo pensando que, si logran alcanzar lo que desean, entonces podrán ser felices. Desafortunadamente, muchas veces sucede que, cuando alcanzan aquello que tanto desearon, la felicidad de obtenerlo desaparece casi tan rápido como llegó.

 

Vivimos en una sociedad consumista que nos enseña a siempre estar anhelando algo más. Que vamos a ser felices el día que tengamos cierto trabajo, cierta casa, cierto carro o ciertos objetos, del tipo que sean. Puede que eso no sea tan nuevo, por algo ya desde aquella época, el apóstol Pablo enseñaba que había aprendido a estar satisfecho con lo que tenía sin importar su estado económico.

 

Entonces, de acuerdo con la Biblia esa es la clave de la felicidad. No el obtener algo, sino el aprender a disfrutar de lo que se tiene hoy. Este pasaje nos enseña a no poner los ojos en lo que nos falta sino en lo que ya tenemos. Por su puesto, esto no implica ser conformistas y no desear alcanzar más de lo obtenido hasta ahora, sino más bien, el aprender a estar satisfechos con lo que se tiene, independientemente de cuánto sea.

 

Aunque el contexto de este pasaje sea el económico, puede aplicarse a muchas áreas de la vida. Hay que aprender a estar contentos se tenga o no cónyuge, se tengan o no hijos, sabiendo que si algo deseamos, Dios es bueno para darnos aquello que anhelamos si nos deleitamos en él (Salmos 37:4). Pero, mientras eso llega, debemos aprender a estar contentos y a disfrutar del hoy sin importar si mañana llegaran cosas nuevas o la situación cambia.

 

Decía el apóstol Pablo “he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación”. No se nace con ello, hay que aprender, hay que adquirir la capacidad de ser agradecidos (1 Tesalonicenses 5:18), hay que acostumbrarnos a dar gracias por lo que tenemos hoy, porque de lo contrario, viviremos en completa insatisfacción toda la vida, pensando siempre en lo que nos falta. Y si todavía no hemos aprendido, no es tarde, pues “todo lo podemos en Cristo que nos fortalece”.


Mary Carmen Olague

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