LA PAZ QUE SOBRE PASA TODO ENTENDIMIENTO

 

LA PAZ QUE SOBRE PASA TODO ENTENDIMIENTO




 

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Filipenses 4:6-7

 

No vivimos momentos de paz. No es un secreto y dudo si en algún momento ha existido de forma absoluta. Basta mirar las cifras de muertes y desaparecidos que hay en México a causa del crimen organizado que cada día van en aumento y que pareciera que nunca se detendrán. Es horrible e injustificable que vivamos en una sociedad así, que ha normalizado la violencia y la ha aceptado como parte de su cotidianidad. Quizás por eso resulta más alarmante cuando se vive en otra parte del mundo, porque deja de verse como normal y comienza a ser objeto de atención.

 

De una u otra forma es condenable, sin importar la ubicación geográfica ni el tipo de gente que sea su víctima, la guerra y la violencia son detestables. Pero es precisamente en estas situaciones donde el siguiente pasaje cobra más fuerza y sentido: “la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento”. Dentro de lo lógico hay muchas razones para estar afanosos. Baste con mirar las noticias y con averiguar un poco sobre lo que ocurre en muchos países, con grupos paramilitares o delictivos de todo tipo. Por eso necesitamos de una paz sobrenatural.

 

Esa es la paz de Dios, no la mía. Que va más allá de lo razonable, de lo que encuentro lógico. Porque donde mi entendimiento me dice que me preocupe y que todo está mal, está mi Dios que me abraza y me dice “tranquila, todo va a estar bien”. Por eso la Palabra de Dios nos promete que caerán a nuestro lado mil y diez mil al otro lado, pero que a nosotros no llegará (Salmo 91:7). Claro, siempre y cuando estemos habitando al abrigo del Altísimo (Salmo 91:1). No podemos esquivar los problemas, porque la desgracia es parte inherente del mundo, pero si podemos escoger donde habitar, y no se refiere a una habitación espacial sino a una espiritual, del lugar donde decidimos poner nuestra alma, nuestra confianza y nuestra fe. Por eso Jesús les dijo a sus discípulos:

 

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.

Juan 16:33

 

No podemos evitar que haya aflicción en el mundo, pero si podemos poner nuestra confianza en aquel que ya le venció. Pero esa victoria sólo es visible a través de los problemas, ¿cómo podemos decir que hemos vencido si nunca hemos experimentado una lucha? No se trata de martirizarnos ni de pensar que Dios nos manda las desgracias, ni tampoco de creernos esos refranes que dicen, que él manda sus batallas más fuertes a sus mejores guerreros. No. Eso no enseña la Palabra, al contrario, Dios nos dice que:

 

Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.

Jeremías 29:11

 

Dios quiere lo mejor para nosotros. Pero debemos tener en cuenta que eso no lo encontramos en el mundo. El mundo es un lugar lleno de aflicción y de problemas, basten los últimos dos años como evidencia de esto. Pero aún en medio de la guerra y la enfermedad, en Dios encontramos la victoria, en él salimos airosos de las dificultades, en él encontramos paz, aún cuando no hay razón para tenerla. En él, somos más que vencedores (Romanos 8:37), solo en él.


Mary Carmen Olague

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